sábado, 3 de diciembre de 2011

DÍA 61. AÑICOS


Recojo mis añicos porque llevan mi nombre
porque cuentan mi historia y dicen lo que soy 
y soy: no sé cuantos fantasmas,
una bruja malvada,
una pérfida boa en la inutilidad,
dos amores y un tigre arañando las sombras
de un dulce colibrí.
Un hombre  sentado en mis jardines,
diez paisajes y un charco de alas tristes
nacido el mes de abril.
Dos hijos sembrados por las llamas,
unas caderas anchas, 
ahítas de tierra y cataratas;
su música en oboes, la música en guitarras,
mil ventanas abiertas y tres puertas cerradas,
infinidad de dudas y una sola certeza
plasmada en cien poemas.
Seis abuelos sentados, un padre que fue tierra, 
una madre crisálida, algún que otro aguacero,
tres niños en un patio jugando a no olvidar.

Y soy ningún odio guardado, ninguna  indiferencia
y mil cosas pequeñas para coleccionar.
Trescientos quince libros sobre las alacenas
y diez guardados siempre bajo el atardecer.
Un muerto en el camino,
la  memoria dispuesta para todas las manos,
para todos los gestos que el tiempo no borró.
También soy la leal, la que no tiene causa,
ni dogmas, ni respuestas,
la creyente, la atea,
la justa e injusta, la amiga que no huyó
y la que huyó también.
La que quiso y aún quiere
la que siempre ganó, la que a veces perdió.
La que todo pregunta, la sabia,
la que no sabe nada;  aquella que navega por la contradicción.
La que dice verdades mientras cuenta mentiras,
la que dice perdón.
A quien quiero y no quiero,
a quien amo o amé.
Horizontes, crepúsculos, campos de luz e higueras,
dos casas y un dintel.
Una lengua dormida en anaquel de rabia,
una guerra perdida, una feliz batalla.
El peso de mi cuerpo sobre la hierba fresca,
tres pares de zapatos aún sin estrenar.
Una pócima amarga que a veces dejo al día,
una hora sangrante, un reloj, una escoba.
La mujer que seré, la que nunca seré,
un viaje en las pupilas, un tren que no pasó.
La belleza en los ojos de todo lo admirado,
diez mil sueños hilados y una pasión intacta.
Ah! y… sólo algunas veces, una diosa romana
oculta en las palabras,
un hada solitaria,
una niña perdida en bosques de cristal.
 Mas siempre llevo en mí
un palacio ocupado, un palacio vacío,
uno entero, otro roto siempre en reconstrucción
Estos son mis añicos servidos en bandeja:
los que cuentan mi historia, los que dicen quien soy
y aquellos que algún día dirán lo que seré.


De  Sobre las ruinas

8 comentarios:

  1. La poesía no es lo mio, Isabel, pero sí me gusta leer tu poesía, dominas el sí pero no, el no pero sí, como nadie, no sé como frases contradictorias puedes hacer tan bellos escritos. Felicidades.
    Besitos.

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  2. Guardo silencio y vuelvo a leerte.
    C.D.G

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  3. Eres el ying y el yang. Ni todos Dioses ni todos diablos. En nosostros habitan mitades que de propiciarse, ganará la partida aquella que más alimentemos. Alguien muy sabio dijo una vez: no guardes resentimientos, porque el resentimiento florece... así que vuelvo sobre tu poesía a desgranarla más todavía. Porque al igual que la espiga, te has desgranado. Me ha parecido bellísima esta composición.Un abrazo Isabel.Tanci

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  4. Poeta profunda y arriesgada que abre nuevos caminos poéticos, conocedora del alma humana, llena de sensibilidad y belleza. Mucha calidad bulle en su poesía. Gracias Isabel. Un abrazo . Román

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  5. Sin palabras...La emoción me desborda. Jamás había leído un autorretrato tan sincero y descarnado. Hacerlo además con poesía de la buena es ya la caraba. Como decía un viejo amigo de ambas... allá en las clases del odiado? Arístides, ¿qué es poesía? poesía eres tú.

    Lorena Tagor

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  6. Siempre regreso a esta entrada para releerla. Cada vez me reafirmo más en lo que dije la primera vez que la leí. Grande!

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  7. Contradicciones de vida, de esperas, de madres,de hijas....de añicos....Genial¡¡¡

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