jueves, 29 de septiembre de 2011

DÍA 28. Volar

Volar para volar para volar
y en el vuelo ser mar,
ser ola y playa,
abanico de espigas, pan y savia.
Volar para volar, alas y alas
de luz sobre la casa
y las esquinas
donde late el deleite
que es la vida.
Y en el revuelo ser, ser en el vuelo
ave de viento
y bruma;
.
pájaro cierto
que en el volar volar
resuma el tiempo
en palabras, en versos:
en poesía.



©Isabel Expósito Morales    

De Cuaderno de viaje, 2011

lunes, 26 de septiembre de 2011

DÍAS 25. A bordo

A bordo de los días,
abrazada a las horas,
los minutos doblados
en páginas de agua.
A bordo de tus manos,
navegando en el tiempo,
tomo nota del viaje ...
de hoy para mañana.
Alimento segundos con tu voz en mi oído,
doy zancadas de estrella,
me sumerjo en la vida
que dibujo en bitácoras.

©Isabel Expósito Morales

sábado, 24 de septiembre de 2011

DÍAS 22 Y 23. Imaginario

En mi pueblo hay rutas que llevan
a la tierra heredada de las fábulas.
Sólo hay que madrugar en el recuerdo,
hurgar en los recodos del abuelo
y volar a lomos de caballos alados,
no en vano,
poseemos un lugar donde bailan las brujas
sobre las noches de los tiempos.


De Isla Absoluta, 2005
©Isabel Expósito Morales

miércoles, 21 de septiembre de 2011

DÍA 20. LA PIEL DE LA MEMORIA

Decir un nombre ahora,
es invocar un secreto de efigies,
es despertar la casa del origen
con dedos de marfil:
fuente primigenia
desde donde vuelan
estos atavíos sudorosos y cálidos,
llenos de victorias.


                            Decir un nombre, 
                            es pronunciar el nombre de todas las cosas,
                            sin la separación que el tiempo trajo
                            doblado en la contienda.
                            Nombrar es recordar,
                            decir besar tocar
                            la piel de la memoria.


De Isla Absoluta, 2005.                           

miércoles, 14 de septiembre de 2011

DÍA 13. Poniendo voz a Escondido

La Voz  Silenciosa. Hermosa y profunda voz que le da una calidad y un color a mi relato, que no tenía. Infinitas gracias por ponerle matices, silencios y ecos a esta historia nacida en el patio de mi infancia.  Lo comparto con ustedes.
www.ivoox.com/escondido-isabel-exposito-morales-audios-..

martes, 13 de septiembre de 2011

DÍA 12. Deseo

Para que nada muera, siempre florezco
en facetas de luz sobre la tarde abierta.
Y me nacen los ojos en los surcos de vida,
y me crecen querencias, como si fueran hierba.



De:   Espejismos y espejos, 2009





lunes, 12 de septiembre de 2011

DÍA 11. Escondido

La Esfera Cultural.com: Escondido: E ra absurdo, irreal, pero existía. Ondulante y hondo, curvilíneo y suave, se arrastraba ante mí con una paciencia infinita, dejando su re...

domingo, 4 de septiembre de 2011

DÍA 3. Acerca de mi poética

Escribo por reiterada, persistente osadía.  Mil motivos y ninguno me han empujado desde hace mucho, mucho tiempo a adentrarme en este universo vedado, prohibido, permitiéndome caminar por senderos que no me pertenecen.  Tal vez me empuje a ello mi incapacidad para aceptar que el mundo, la vida, la existencia sea sólo esto que vemos.  

"Hubo una primera vez.   Seguramente fue una tarde y lo creo sólo porque es esa la parte del día que prefiero.  No sé que hilos me movieron hacia el papel donde deposité, con el temblor de las primeras veces, aquellos precoces versos nacidos de quién sabe qué emoción o qué propósito.  Yo debía tener unos diez años y de su contenido, perdido en mi habitual desorden, únicamente recuerdo la palabra pájaros.  Otros  han surcado mis versos desde entonces: pájaros imposibles, chorro de pájaro, brizna de pájaro, pájaros azules de fuego, pero aquéllos pájaros de ese poema primigenio, vuelan hoy en mi memoria, sin nombre y sin destino.  Tal vez por eso los perdí, para que viajaran libres fuera de mis dominios.  Pájaros y ventanas,  lluvia y tarde, mar y distancia, soledad y ausencia: estas son algunas -las más fieles-, de las parejas semánticas que han acompañado siempre a mi poesía.  Instalados, como estamos ahora, en la tarde de mi primer poema, debo decirles que me veo sentada frente a una ventana.  Afuera llueve y estoy sola. Hasta mí llega el olor del Charco San Ginés, muy cercano a la casa.  No lo veo, lo presiento golpeando la orilla con dulzura, sucio y caótico y sin embargo, bello.  Mis hermanos deben estar dormidos o al cuidado de mi madre en algún otro lugar de la casa porque no los veo.  Este instante es  mío solamente.  La buscada soledad me pertenece.  Mis alas interiores se mueven como las de un pájaro cálido al compás de una música que sólo escucho yo.  El aleteo de esa primera palabra se posa en el papel y entonces, en una suerte de aleación mágica, la música, el aleteo y las palabras se mezclan para explicar lo que no tiene nombre, aquello que sólo podía ser expresado de esa forma.  Sí, perdí aquel poema pero, a cambio, guardo para siempre en mis profundidades el latir de la poesía, hermosa amiga que nunca me abandona."
De  Palabra a palabra

viernes, 2 de septiembre de 2011

DÍA 1. Martina

MARTINA


        La lluvia  limpia todo, vuelve diáfana la vida por donde uno transita y a veces, como hoy, hace que me detenga a contemplarla a través de la ventana.  Ese gesto me acerca a la alacena donde, sobre una repisa, descansa su retrato.  Ver su rostro detrás de la bruma plomiza que le ha dado el tiempo, mirar su perfil triste, mientras afuera llueve, es como viajar en retroceso, como en una película o un viaje en el tiempo.  Estoy ahora en su pasado y puedo describirla entera, sola, taciturna.   Es otoño y ella camina, entre los árboles esqueléticos de un parque, con la cadencia sin adorno de la melancolía.  Algo pesa sobre sus espaldas, algo que no se toca.  ¡Pobre Martina!. Pobre en su lentitud, en su falda de paño, en sus zapatos de charol, en  toda  su  tristeza.  Se detiene.  Un perro pasa a su lado;un perro solo, abandonado, como ella.  Parece dudar pero al final se sienta sobre la losa de cemento helado de un banco del parque.  Hace frío.  Vuelve su rostro hacia una fuente que murmura a su izquierda y entonces la veo dibujada, tal cual aparece en este retrato, detrás de la bruma del sepia,  colocado hace tiempo sobre un anaquel de mi alacena.  Busco en el reverso lo que ya sé. Escrito a pluma, en un negro desgastado, hay un nombre y una fecha: a Martina, 1950.  Yo soy Martina, su hija; 1950 es el año en que mi madre apareció muerta, cerca de una fuente, sentada en un banco: un perro lamía sus zapatos de charol.


                                                
                                              De  Huéspedes de la lluvia, 2011