sábado, 24 de diciembre de 2011

DÍA 64. VIDA



Hemos dejado en el camino un reguero de historias
y enredado en el tiempo: uno, dos, tres ríos silenciosos
y un gato inexistente sobre un tejado limpio de despojos.
Hemos apagado las luces muchas veces,
abierto las ventanas
y, alguna vez, nos hemos inventado el mar para traerlo a casa
y llenar las paredes con el eco rabioso de un tifón de palabras.
Hemos llegado tarde a algunas cosas
-irremediable ausencia de lo que no será-,

Hemos sido felices e infelices.
Hemos amado mucho y odiado alguna vez,
-sólo para olvidarlo y enterrarlo después-
Hemos escrito páginas en lugares perdidos
y luchado en batallas cuyo nombre olvidé.
Hemos vivido apenas. 

De  Cuaderno de Viaje

domingo, 18 de diciembre de 2011

DÍA 63. LLUEVE





El agua que hoy nos llueve sólo moja el asfalto
y una plaza vacía.
No limpia
la hojarasca que trajo la tormenta
ni la humareda gris tras la mirada.
El agua que hoy nos llueve baja
-corriente abajo-
los barrancos del tiempo

…por si el tiempo no fuera
como lo imaginamos.


jueves, 8 de diciembre de 2011

DÍA 62. QUIERO

Que te suceda el aire y la belleza
y que el dolor -inevitable- haga un puente
entre la lluvia y lo que eres
para que a ti regreses después de la tormenta.
Que te suceda el río donde a veces navega una cierta tristeza
porque en su cauce habita ese tenaz latido
de encontrar alegría en las cosas pequeñas
Que un viento huracanado toque -alguna vez- tu puerta
para que tú la abras y la pasión te roce:
y con el venir del tiempo, el amor sosegado se quede
a vivir en tu orilla
Que aspires a lo que te mereces:
el buen amor, los sueños hilvanados,
la música, el silencio, el roce de unas manos,
el mar, la tarde… la vida solamente.
Que el refugio tranquilo de la paz te sostenga
porque… no hay palacio más fuerte
que el que empieza en tu frente.


sábado, 3 de diciembre de 2011

DÍA 61. AÑICOS


Recojo mis añicos porque llevan mi nombre
porque cuentan mi historia y dicen lo que soy 
y soy: no sé cuantos fantasmas,
una bruja malvada,
una pérfida boa en la inutilidad,
dos amores y un tigre arañando las sombras
de un dulce colibrí.
Un hombre  sentado en mis jardines,
diez paisajes y un charco de alas tristes
nacido el mes de abril.
Dos hijos sembrados por las llamas,
unas caderas anchas, 
ahítas de tierra y cataratas;
su música en oboes, la música en guitarras,
mil ventanas abiertas y tres puertas cerradas,
infinidad de dudas y una sola certeza
plasmada en cien poemas.
Seis abuelos sentados, un padre que fue tierra, 
una madre crisálida, algún que otro aguacero,
tres niños en un patio jugando a no olvidar.

Y soy ningún odio guardado, ninguna  indiferencia
y mil cosas pequeñas para coleccionar.
Trescientos quince libros sobre las alacenas
y diez guardados siempre bajo el atardecer.
Un muerto en el camino,
la  memoria dispuesta para todas las manos,
para todos los gestos que el tiempo no borró.
También soy la leal, la que no tiene causa,
ni dogmas, ni respuestas,
la creyente, la atea,
la justa e injusta, la amiga que no huyó
y la que huyó también.
La que quiso y aún quiere
la que siempre ganó, la que a veces perdió.
La que todo pregunta, la sabia,
la que no sabe nada;  aquella que navega por la contradicción.
La que dice verdades mientras cuenta mentiras,
la que dice perdón.
A quien quiero y no quiero,
a quien amo o amé.
Horizontes, crepúsculos, campos de luz e higueras,
dos casas y un dintel.
Una lengua dormida en anaquel de rabia,
una guerra perdida, una feliz batalla.
El peso de mi cuerpo sobre la hierba fresca,
tres pares de zapatos aún sin estrenar.
Una pócima amarga que a veces dejo al día,
una hora sangrante, un reloj, una escoba.
La mujer que seré, la que nunca seré,
un viaje en las pupilas, un tren que no pasó.
La belleza en los ojos de todo lo admirado,
diez mil sueños hilados y una pasión intacta.
Ah! y… sólo algunas veces, una diosa romana
oculta en las palabras,
un hada solitaria,
una niña perdida en bosques de cristal.
 Mas siempre llevo en mí
un palacio ocupado, un palacio vacío,
uno entero, otro roto siempre en reconstrucción
Estos son mis añicos servidos en bandeja:
los que cuentan mi historia, los que dicen quien soy
y aquellos que algún día dirán lo que seré.


De  Sobre las ruinas